Sobre la innovación educativa del Colegio Fontán

El Sistema Fontán® (SF), sistema educativo con el que opera el Colegio Fontán de Envigado, Antioquia se empezó a desarrollar en 1957. El psicólogo español Ventura Fontán y su esposa Emilia García de Fontán, filóloga, emigraron a Medellín, ciudad en la que se propusieron diseñar toda una estrategia para revolucionar la educación, lo que dio como resultado, además del SF, la fundación del Colegio Fontán, que el Ministerio de Educación reconoció como innovación educativa en 1985.

Sin clases, profesores ni tableros

En el Colegio Fontán no hay clases magistrales ni profesores parados frente a un tablero. En su lugar, los estudiantes se agrupan por “talleres” (espacios adecuados para el aprendizaje autodidáctico), en donde cuentan con la asistencia de un tutor.

La transmisión del conocimiento es por escrito, no de manera oral. Se aprende siempre leyendo, nunca en clase oyendo hablar a un profesor. El estudiante deja de ser un receptor pasivo de información y se convierte en un sujeto activo que estudia por iniciativa propia. 

Autodidaxis de por vida

En el Sistema Fontán lo importante es que el estudiante adquiera una capacidad funcional que le permita la autodidaxis de por vida. No es importante que almacene “contenidos”, pues esos están siempre a su alcance en alguna fuente (libro, enciclopedia, atlas, base de datos, internet, etc.). Lo importante es que perfeccione sus procesos mentales (cognoscitivos o motivacionales) para la adquisición autónoma de conocimientos.

Placer intelectual:

La educación debe basarse en la experiencia del placer intelectual, no en el concepto de esfuerzo, deber o sacrificio. Este es quizá nuestro principio preferido. El que consideramos como base de todos los demás. 

La constante: el aprendizaje

En el Sistema Fontán® la variable es el tiempo y la constante, el aprendizaje. Un estudiante empieza su grado escolar cuando quiere, sin importar la época del año, y lo termina únicamente cuando sabe, cuando alcanza la excelencia y domina cada tema.

El ritmo de aprendizaje lo pone el estudiante, que avanza a su propio paso y no al de los demás. Decide el orden para estudiar y durante cuánto tiempo. Aprende a decidir con responsabilidad y a tomar las riendas de su vida. 

El aprendizaje natural se rige siempre por este principio. Lo que importa es dominar un conocimiento, no simplemente “verlo” o “entenderlo”. Hay que llegar a la excelencia en el nivel requerido. El tiempo que se emplee en lograrlo es cosa secundaria.
En el sistema escolar tradicional, el estudiante trabaja con tiempo constante y rendimiento variable (y bajo, en promedio). En nuestro sistema, todo lo contrario: trabaja con tiempo variable y rendimiento constante (y siempre alto).

La excelencia es para todos

No solo para una élite. Todos pueden alcanzar la excelencia: es cuestión de tiempo. La mediocridad no es admisible.

Nuestros estudiantes presentan exámenes de todos los temas que trabajan. Los piden cuando se sienten bien preparados. Los exámenes son difíciles. En cada uno deben alcanzar la excelencia. El nivel de excelencia se simboliza con números. El mínimo teórico que debe alcanzar el estudiante es de 90 por ciento (sobre 100). Si no llega al 100, un analista de materia le envía un análisis escrito, que le orienta sobre lo que debe hacer. El estudiante sigue entonces trabajando sobre el tema hasta volverse a preparar. Vuelve a pedir examen y así continúa hasta que alcanza la excelencia en forma inequívoca. 

Autonomía que se adquiere

El estudiante debe ser “promovido” a un estado de autonomía, de no necesitar al tutor, de trabajar y aprender por su cuenta, de ser intelectualmente maduro. Nuestro sistema aplica sistemáticamente este principio. 

Contamos con tres niveles de autonomía para los estudiantes de bachillerato, en el que el tres es el más elevado. Quienes alcanzan este nivel, administran su tiempo de manera más autónoma, logran las metas propuestas por un impulso propio y tienen la capacidad de hacer planes realistas y de comprometerse en su cumplimiento. Requieren un mínimo apoyo del tutor, lo que les da la libertad de no tener que ir todos los días al colegio y trabajar desde la casa. A esto le llamamos encender el motor interno (muchos estudiantes que llegan a nuestro colegio vienen con sus motores apagados, después de experiencias frustrantes de aprendizaje. Han perdido su capacidad de asombro y no han cultivado su capacidad de tomar decisiones con responsabilidad sobre sus propias vidas. En el Colegio Fontán somos expertos en encender los motores internos que se han apagado y en no permitir que los de los niños se les apaguen). 

Aquí soy yo:

Este es nuestro lema. En el Fontán cuidamos la esencia de nuestros estudiantes. Valoramos la diferencia y ofrecemos atención educativa a la medida. Nuestros estudiantes avanzan siempre a su propio paso, no al de otros. Emplean el tiempo que necesitan para un rendimiento óptimo, de excelencia.

Acerca de Colegio Fontán Envigado

Es una excelente opción para todas las familias colombianas. Esta institución ubicada en Envigado, mixta, bilingüe, calendario flexible, fue fundada en 1985. Tiene como objetivo cambiar el sistema educativo del mundo, desarrollando y difundiendo la ciencia humanística del aprendizaje, para potenciar seres autónomos y transformadores.