No todo conflicto es bullying

El bullying es una conducta consciente, reincidente, hostil y agresiva hacia otro/s que abusa de su posición con intención de dañar o ganar poder real o percibido.

Probablemente, todos hemos escuchado hablar de bullying. Conocemos a alguien víctima del mismo o hemos oído en la prensa casos que nos han horrorizado.

Y no es para menos, el bullying es un problema serio y debe ser tratado como tal. Cada vez más escuchamos esta palabra, aunque a veces generalizando el término. Quién no ha oído a algún adolescente decirnos cosas como, “hoy me eligieron último para ser parte del equipo, eso es bullying”, “hoy cuando llegué al colegio estaban todos reunidos riéndose y cuando me acerque se fueron”… ¿Es cada uno de estos hechos bullying?

Muchos incidentes agresivos o desagradables son denominados como bullying cuando en verdad no lo son. Los ejemplos brindados arriba son desagradables de experimentar y algunos deben ser abordados, pero no deben ser tratados como bullying. Muchas veces, el denominar un acto de agresión como bullying puede agravar la situación y sentar una base donde se pueda desencadenar un patrón de conductas con intención de dañar y convertirlo en eso por el simple hecho de percibirlo así.

Lo cierto es que a nadie le gusta sentirse excluido o menos que el resto, pero denominarlo bullying no es la solución. Debemos entender qué es bullying y qué no, para brindar a nuestros niños herramientas de cómo establecer relaciones respetables y ayudarlos a resolver conflictos, buscando opciones creativas donde todos salgan beneficiados propiciando una mejor convivencia. Veamos entonces cómo diferenciar bullying de conflicto.

El bullying abarca un espectro de conductas agresivas que van desde actos abiertamente agresivos como la violencia física, a acciones más sutiles, pero igualmente destructivas, como la crueldad relacional.

Aun con esta definición, puede ser difícil diferenciar qué es bullying. Veamos algunos ejemplos de a continuación:

  • Hacer gestos groseros, poner apodos, ser descortés de modo constante.
  • Esparcir rumores o mentiras o representar a alguien inadecuadamente (por ej. usar su cuenta de Facebook y publicar algo haciéndose pasar por esa persona).
  • Acosar a alguien basándose en su religión, sexo, raza, género o discapacidad.
  • Lastimar física o emocionalmente a alguien de modo intencional y reiterado.
  • Sacar ventaja de poder sobre otro por el cargo que se tiene.
  • El bullying busca degradar, aterrorizar, aislar, explotar o negar la capacidad de respuesta por parte del otro. Implica una diferencia de poder entre agresor y víctima donde ésta, se ve indefensa para enfrentar al abusador con eficacia y protegerse a sí mismo.

    El bullying es una conducta insidiosa y antisocial que trauma a millones de individuos año tras año, la cual debe ser identificada a tiempo.

    Para poder diferenciar el conflicto del bullying, debemos empezar por definir el conflicto, para así saber cómo abordarlo y resolverlo. Torrago (2001) define el conflicto como “una situación en la que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo, porque sus posiciones, intereses, necesidades, deseos o valores son incompatibles, o se perciben como tal, donde juegan un papel muy importante las emociones y sentimientos, y donde la relación entre las partes en conflicto puede salir robustecida o deteriorada en función de cómo sea el proceso de resolución del conflicto.” La resolución del conflicto depende muchas veces de la actitud de la persona frente al mismo y de cómo ésta percibe el conflicto. De este modo, podemos observar que el conflicto surge más bien de la percepción, que de la realidad y se resuelve generalmente con información sobre la realidad (Fisher & Ury, 1996).

    Es así entonces que el conflicto en sí mismo no es positivo ni negativo. Es una fuerza natural necesaria para el crecimiento y el cambio. Sin conflictos la vida sería estática. El punto crucial es cómo manejar el conflicto. Manejado cuidadosamente no tendría que ser destructivo para nadie, por el contrario, la energía generada por los conflictos puede usarse constructivamente. Cuando se resuelve de modo integrador y no a través de la contienda, se sostienen y se fortalecen las relaciones. (Parkinson, 2005).

    ¿Cuál es entonces nuestro rol en esto como padres?

    Debemos prestar atención a lo que nuestros hijos comparten con nosotros, especialmente en lo referente a conductas agresivas y reincidentes. Es importante que sepamos diferenciar el bullying del conflicto y logremos trasmitirle esto a nuestros hijos. Las conductas agresivas deben ser sancionadas. Los conflictos necesitan verse a la luz de la reflexión, validando los sentimientos e intereses de los involucrados de modo de generar soluciones que respeten los derechos de cada cual y se cumplan las normas.

    También debemos recordar que somos modelos para nuestros hijos por lo que debemos comportarnos asertivamente, sirviendo de ejemplo en nuestras relaciones con otros dentro y fuera del hogar, no exponiendo a nuestros niños a un hogar hostil, de conductas agresivas o estricto en extremo, ya que esto inclina al niño a comportarse de modo agresivo en vez de resolver los conflictos asertivamente.

    Debemos involucrarnos en la vida de nuestros hijos, escucharlos, validar lo que les pasa y juntos explorar estrategias de resolución de conflicto adaptativas y pro-sociales. De este modo, no solo vamos a mejorar nuestra relación con ellos, sino que propiciamos buena comunicación y patrones interactivos sanos, herramientas que serán de gran utilidad a lo largo de su vida.

    Qué NO es bullying

    No es bullying si la conducta agresiva ocurre de modo aislado o sin intención de ganar poder. Algunos ejemplos de situaciones que no son bullying incluyen: hacer jugar a otros juegos que nosotros elegimos, accidentalmente chocarse con alguien o empujar a otro una vez, hacer un comentario desagradable sobre alguien o jugarle una broma, estar excluido de algún juego en el recreo o estar en desacuerdo con la postura de otro y decírselo.

    Probablemente a todos nos guste ser populares, que nos integren y se digan cosas lindas de nosotros, pero este no siempre es el caso y eso nos frustra, nos molesta y muchas veces queremos castigar a quien nos ha lastimado. Debemos validar estos sentimientos haciéndolos conscientes, buscando alternativas de resolución, pero de ningún modo llamar a esto bullying. Estos son conflictos que se nos presentan y los cuales debemos aprender a enfrentar.

    Especial para Los Mejores Colegios
    Por: Vicky Nogales
    Psicóloga, Terapeuta Familiar Sistémica
    Profesora adjunta de la Universidad Católica de Uruguay
    Counseling Familiar y Educativo

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